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Día Segundo
Novena en Honor a la Inmaculada Concepción de María, N.Sra.

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Lectura bíblica (Est. 15, 4-7.12-13. 9.10,5,3.7.3-4)

Al terminar la oración, Ester se vistió con todo lujo. Luego, invocando al Dios y salvador que vela sobre todos, marchó con el rostro alegre, pero con el corazón angustiado. Atravesó todas las puertas, hasta quedar de pie ante el rey. Este levantó la cabeza y miró a Ester. La reina palideció, se apoyó en el hombro de una doncella y se desmayó. El rey entonces se inquietó; saltó de su trono y tomó a Ester en sus brazos preguntándole: "¿Qué te pasa, reina Ester? Pídeme lo que sea y te daré hasta la mitad de mi reino". La reina Ester respondió: "Si he encontrado gracia a tus Ojos, perdóname mi vida y la de mi pueblo. Eso es lo que quiero y lo que te pido". El rey extendió hacia Ester el cetro de oro y ella se levantó y quedó en pie ante el rey. PALABRA DE DIOS.

 

 

 

Canción
Ester que tocáis primero

en el cetro de la Cruz,

que ya para darnos luz

 ofrece el Divino Asuero

Porque no os comprende el fuero

del castigo universal,

 

V/. SOIS CONCEBIDA MARÍA

R/.    SIN PECADO ORIGINAL.

Consideración

Consideremos a María Santísima preservada de la ley universal del pecado original, como lo fue la Reina Ester de la ley común del rey Asuero. María Inmaculada es la bendita entre todas las mujeres, es la que halló gracia a los ojos de Dios. Ella es la Reina de misericordia, que desde la cumbre de su grandeza, puede compadecerse mejor y socorrer nuestras necesidades intercediendo ante su Divino Hijo Jesucristo.

Procuremos cumplir en nuestra vida diaria las promesas bautismales. Por el Bautismo hemos nacido a la vida de la gracia. Esforzémonos por mantenernos en amistad con Jesucristo.

(Se reza o canta la Petición y las Tres Ave María)

Oración del día segundo

Señor Jesucristo, por el amor con que libraste de las leyes comunes de la naturaleza a tu querida Madre, la Virgen María, te suplicamos, nosotros peca- dores, que nos des verdadero dolor de nuestras culpas y poder gozar de la libertad que nos ha merecido. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amen.

La jaculatoria de este día será:

Ea, pues, señora, abogada nuestra, vuelve
a nosotros esos tus ojos misericordiosos.

(Se reza la Oración Final)